EMBRUJOS



Las personas que son víctimas de brujerías o trabajos de magia negra/roja muchas veces ignoran las causas de sus desgracias por desconocimiento con respecto a estos temas estas personas permanecen impotentes de lo que realmente les ocurre, mientras sus atacantes se ensañan mentalmente contra ellas. El hecho de que la víctima permanezca ignorante de que está siendo dañada mentalmente constituye una gran ventaja para el agresor.



Ya nadie discute si existen o no los daños producidos por trabajos de brujería, pues ha sido demostrado científicamente en laboratorio de EE. UU. que todo pensamiento de agresión y odio influye sobre los seres vivos de manera destructiva. Las plantas se secan, los animales se enferman y mueren, y los seres humanos comienzan a ser perseguidos por la mala suerte, extrañas dolencias, depresión, miedos, pesadillas, irritabilidad... siendo los niños y las personas mayores los más perjudicados. Si el daño o trabajo de magia negra persistiera surgirían en poco tiempo propensión a accidentes, enfermedades y una notable mala suerte en general.



La Brujería es el grupo de creencias, conocimientos prácticos y actividades atribuidos a ciertas personas llamadas brujas (existe también la forma masculina, brujos, aunque es menos frecuente) que están supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas que emplean con la finalidad de dañar.


La creencia en la brujería es común en numerosas culturas desde la más remota antigüedad, y las interpretaciones del fenómeno varían significativamente de una cultura a otra. En el Occidente cristiano, la brujería se ha relacionado frecuentemente con la creencia en el Diablo, especialmente durante la Edad Moderna, en que se desató en Europa una obsesión por la brujería que desembocó en numerosos procesos y ejecuciones de brujas (lo que se denomina "caza de brujas"). Algunas teorías relacionan la brujería europea con antiguas religiones paganas de la fertilidad, aunque ninguna de ellas ha podido ser demostrada. Las brujas tienen una gran importancia en el folclore de muchas culturas, y forman parte de la cultura popular.



Si bien este es el concepto más frecuente del término "bruja", desde el siglo XX el término ha sido reivindicado por sectas ocultistas y religiones neopaganas, como la Wicca, para designar a todas aquellas personas que practican cierto tipo de magia, sea esta maléfica (magia negra) o benéfica (magia blanca), o bien a los adeptos de una determinada religión.



Un uso más extenso del término se emplea para designar, en determinadas sociedades, a los magos o chamanes. En las antiguas Grecia y Roma, estaba extendida la creencia en la magia. Existía, sin embargo, una clara distinción entre distintos tipos de magia según su intención. La magia benéfica a menudo se realizaba públicamente, era considerada necesaria e incluso existían funcionarios estatales, como los augures romanos, encargados de esta actividad. En cambio, la magia realizada con fines maléficos era perseguida. Se atribuía generalmente la magia maléfica a hechiceras (en latín maléficae), de las que hay numerosas menciones en numerosos autores clásicos.



Según los textos clásicos, se creía de estas hechiceras que tenían la capacidad de transformarse en animales, que podían volar de noche y que practicaban la magia tanto en provecho propio como por encargo de terceras personas. Se dedicaban preferentemente a la magia erótica, aunque también eran capaces de provocar daños tales como enfermedades o tempestades. Se reunían de noche, y consideraban como sus protectoras e invocaban en sus conjuros a diosas como Hécate, Selene, Diana entre otras deidades.