REIKI

Es una práctica pseudocientífica considerada como pseudomedicina complementaria y alternativa (CAM) es decir, no científica, que afirma tratar de lograr la sanación o equilibrio del paciente a través de la imposición de las manos del practicante, canalizando cierta supuesta "energía vital universal". Las pruebas clínicas realizadas no han encontrado ningún efecto positivo más allá del placebo. No obstante, en la actualidad se usa el reiki como terapia en una pequeña minoría de hospitales y clínicas, aunque no se tengan pruebas de su efectividad. El reiki no es considerado una religión por sus seguidores, pero, al carecer de base científica, puede ser considerado como una creencia.

El reiki es un sistema de armonización natural que utiliza la no demostrada "energía vital universal", para tratar enfermedades y desequilibrios físicos, mentales y emocionales. Mikao Usui (monje zen japonés), fue quien afirmó haber redescubierto esta técnica de sanación milenaria, tras alcanzar satori (estado máximo de iluminación y plenitud) durante un retiro espiritual en el monte Kurama de Kioto hacia 1922, aunque no existe constancia alguna de la existencia del reiki anterior a esta fecha, pero más allá de su aspecto supuestamente terapéutico, que el propio Usui aseguró haber descubierto por casualidad, el reiki es una disciplina o camino espiritual. La práctica del reiki se fundamenta en un emisor o canal que, a través de sus manos o de otros métodos -según el nivel-, transmitiría el reiki (fuerza natural que nos da vida) a un receptor que puede ser él mismo u otra persona, con el fin de paliar o eliminar molestias y enfermedades. No obstante, dado que sería una energía universal, los tratamientos podrían también dirigirse a otros seres vivos como animales, plantas o a determinadas situaciones.

El reiki postula la existencia de una energía mística, no detectable ni mensurable de forma objetiva, por lo que la posición de la comunidad científica es que el único efecto sobre la salud es el atribuible al placebo, la evolución natural de la enfermedad y a la relajación. El consenso científico, por tanto, es que es una pseudomedicina o pseudociencia sin ninguna base real. Al igual que la mayoría de pseudomedicinas que no implican una manipulación física (homeopatía, toque terapéutico, etc.), aunque no conlleva un daño directo para la salud, tampoco ofrece beneficio alguno, pero existe el peligro de que el paciente abandone o retrase la aplicación del tratamiento médico, con el consiguiente perjuicio para su salud y en ocasiones, el requerido desembolso económico. Los seguidores del reiki lo consideran terapia complementaria, pero su eficacia no está científicamente demostrada, ni existen mecanismos plausibles para su funcionamiento.

Aunque existen algunos estudios que sugieren que el reiki puede influir en la salud de los pacientes, suelen adolecer de fallos metodológicos y no cuentan con evidencias contrastables acerca de ningún tipo de efecto real. Debido a su falta de base científica, existe aún una amplia oposición a su incorporación a los sistemas públicos de salud y no existe ninguna titulación oficial reconocida por las autoridades sanitarias ni educativas de ningún país. A pesar de ello, en algunos hospitales españoles se usa como terapia complementaria. Algunos servicios públicos de sanidad, como el National Health Service (NHS) del Reino Unido, o el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM) de los EE.UU. informan a sus pacientes sobre el reiki y lo ofrecen como terapia complementaria. El uso de fondos públicos para financiar tratamientos no probados, causa en estos países una gran polémica. Los seguidores del reiki afirman que alteraciones en la energía ki influyen decisivamente en la salud de las personas. Algunos, incluso, las consideran como única causa de la enfermedad, lo cual entra en contradicción con casi todos conocimientos científicos sobre las enfermedades (teoría microbiana, traumatismos, trastornos genéticos).

Paciente que fue sanado con el reiki y otras terapias